
Estamos ante un jugador por el cual somos lo que somos en el baloncesto actual. Si Fernando Martín no hubiera liderado aquella selección española de la generación que consiguió la plata en los juegos olímpicos de Los Ángeles de 1984, quien sabe si hubieramos podido disfrutar de las generaciones doradas del siglo XXI. La realidad es que el panorama baloncestistico español de la época, aunque con algún que otro buen jugador a lo largo de la historia, en absoluto disfrutaba del éxito de este siglo XXI. Y Fernando Martín junto a Epi, Romay, Iturriaga, Corbalán y compañía, consiguieron levantar de sus sofás a la sociedad española, por un deporte que no era el fútbol.
Fernando Martín nació en Madrid. Su familia le inculcó rápidamente la pasión por los deportes, aunque no sería hasta los 15 años cuando empezaría con el baloncesto, el deporte que le lanzó al éxito. Ántes, había destacado en la sección de balonmano de su colegio, el San José del Parque, un colegio privado de tradición marista. Pero había destacado más aún en Natación, deporte en el que llegó a ser campeón de Castilla de su división. Una clara prueba de sus amplias condiciones atléticas, y de su capacidad para el desarrollo a través del esfuerzo. Ambas condiciones las supo plasmar rápidamente en el baloncesto.
Aunque tardío en el baloncesto, sus condiciones innatas se dejaron ver desde el primer momento. Comenzó a destacar en el equipo de básket de su colegio, y antes de acabar esa misma temporada, ya se le quedaría pequeño el modesto equipo colegial.
El entrenador de su división del San José del Parque había formado parte del reconocido club madrileño de baloncesto “Estudiantes”, el cual tiene una de las mejores canteras de España. Este, le convenció para que dejase el equipo del colegio y firmase por el Estudiantes para la temporada 1977-1978, con tan solo 16 años, y un año de experiencia en el baloncesto.

Pero su techo no estaba ahí. En la primera temporada en las categorías inferiores del Estudiantes comenzó a subir y a ganarse un nombre. Todos los ojeadores de España tenían los ojos puestos en él, pero Fernando decidió continuar un año más con el Estudiantes, para la temporada 78-79. El equipo estudiantil, decidido a potenciar al máximo a la perla que tenían en la cantera, le incluyó cómo titular en el juvenil A, uno de los más prestigiosos a nivel nacional.
La temporada 78-79 fue muy producitva: sus buenas actuaciones le permitieron debutar en las categorías inferiores de España, y ganarse un puesto para la temporada siguiente en el primer equipo del Estudiantes, histórico de la primera división del baloncesto español. 4 temporadas en el baloncesto le bastaron a este gigante para llegar a la primera división. Todos los entrenadores que pudieron disfrutar de sus servicios coinciden en que el techo de este jugador no existía, más allá de las lesiones que, de llegar, prácticamente seguro lastrarían a un jugador de su envergadura.
Pero el Estu por desgracia, destaca más por su cantera que por su 1° equipo, siendo habitual las ventas de sus mejores jugadores para mantenerse económicamente. Todos los grandes clubes europeos estaban detrás del diamante en bruto del Estu, que con solo 18 años estaba dominando la ACB en un equipo no dominador.
Las negociaciones, sobre todo con el entrenador de la Penya, que llevaba intentando hacerse con sus servicios desde que entró a los juveniles del Estudiantes. Pero llegó un verdadero grande, el enemigo acérrimo del Estu: el Real Madrid. Ningún equipo soñaría con venderle uno de los mejores jugadores de tu historia, canterano, al eterno rival. Y no iba a ser distinto el caso del Estu. Pero poderoso caballero es don dinero, y de eso el Madrid tiene y mucho.

10 millones de las antiguas pesetas costó al club blanco el que se convertiría en una de las leyendas del equipo, y sobre todo, una de las leyendas del baloncesto español. Estaría en un monopólico Madrid hasta 1986. En esos 5 años consiguió 9 títulos, entre ellos 3 ligas y 3 copas de rey. En resumen, fue el elemento diferenciador que permitió al club de la capital imponerse sobre el gran Barça de Epi y compañía, uno de los mejores Barça de la historia.
La figura de Fernando Martín no había dejado de crecer desde que botó por primera vez una pelota de baloncesto, y no lo dejaría de hacer ahora. Se instauró cómo uno de los grandes del panorama baloncestístico europeo, siendo aun muy joven. Tanto fue así que llamó la atención de los ojeadores americanos. Recalcar el valor que tiene este hecho, en una época en la que el aficionado a la NBA infravaloraba constantemente a todos los deportistas europeos, debido, en gran parte, al poco nivel comparado con la actualidad, y a que la selección de los Estados Unidos arrasaba sin piedad a las europeas, con un quinteto compuesto por universitarios.
En el año 1985, Fernando Martín fue escogido por los New Jersey Nets, en el pick número 38, un pick bastante temprano de la 2º ronda del draft de este año. Un logro nunca antes conseguido por ningún jugador español. Pero Fernando decidió quedarse un año más en el Real Madrid, para asegurar que llegaba en forma al Mundial de Baloncesto de España 1986. Este gesto dejó claro que Fernando Martín no se dejó llevar por la euforia de la NBA, y supo pararse, pensar y actuar. Muy propio del baloncesto con el que nos deleitaba.
El mito llega a la NBA
Un año más tarde, volvió a llegar una oferta de la NBA, esta vez del mítico equipo de Oregón: Portland Trail Blazers. Esta vez, Fernando, pese a que tendría que abandonar su Madrid natal y el equipo en el que ya se había convertido en leyenda, no pudo rechazar la oferta.
Para que comprendáis el nivel de la hazaña que estaba consiguiendo, y la dimensión de este jugador, fue el segundo jugador europeo en debutar en la NBA, tras Glouchkov.
Aun así, el español mantuvo en todo momento la humildad, consciente de la brutal diferencia de nivel entre ambas ligas.

Pero si lo de Fernando Martín era ser pionero, por desgracia también lo iba a ser en la maldición de los jugadores españoles en la ciudad del noroeste de EEUU. Un par de lesiones derivadas del alto rendimiento de la NBA generaron que perdiera totalmente tanto el ritmo competitivo cómo el sitio en el quinteto titular de los Trail Blazers. Eso, y estar por primera vez en su vida a 8.500 kilómetros de casa, en una liga en la que le iban a cuestionar constantemente.
A pesar de una floja temporada cómo rookie, los 24 partidos que jugó en la NBA quedaran en la memoria de todos los aficionados al baloncesto españoles, que por primera vez pudieron disfrutar de un español en la mejor liga del mundo. Tras este año, volvió en 1987 al Real Madrid, equipo en el que triunfó, aunque no implantaría el dominio de los primeros años, tras encontrarse con un Barça colosal que secó su palmares de la segunda etapa madridista a una copa del rey y una copa de Europa.
Pero el final iba a ser trágico. Paradójico que aconteciesen así las cosas tras una vida plagada de éxito. El 3 de diciembre de 1989, en una incorporación a la madrileña M-30 en la zona de O´Donnell, Fernando perdía el control de su vehículo, estrellándose. El accidente resultó ser mortal. El suceso paralizó el mundo del basket, a nivel español e internacional. El Real Madrid retiró para la posteridad el dorsal 10. Podría poner la sensacionalista foto del accidente, pero prefiero retirar este apartado con una imagen del 10 cumpliendo su sueño, el sueño de todos.

Tras la reciente retirada de Pau Gasol sin llegar a debutar en Portland, echamos la vista atrás y vemos que 5 de los 17 españoles que han jugado en la NBA han pasado por la ciudad de Oregón, todos con malas experiencias. Sí quieres saber más sobre la maldición de los españoles en Portland.....
