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La selección española surgió en el año 1935 con el objetivo de profesionalizar esta sección deportiva española, y así poder participar y dar una buena imagen en el primer campeonato europeo de la historia, que se disputaría ese mismo verano, en la ciudad suiza de Ginebra. Pese a esto, la realidad es que España no ha sido nunca un país muy polideportivo. El fútbol gobierna sobre todos los demás deportes. Aunque en la actualidad, y sobre todo en este siglo XXI, la tendencia se está invirtiendo, y el baloncesto ha quedado instaurado cómo el segundo deporte del país, con un número cada vez mayor de adeptos, aunque todavía muy por debajo del fútbol. 

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Todo cambió para el baloncesto español en los Juegos olímpicos de 1984. La ciudad californiana de Los Angeles vió como los 12 hombres liderados por Díaz Miguel, el seleccionador, hicieron historia tras vencer en semifinales a Yugoslavia, una de las potencias del baloncesto mundial en aquel entonces, asegurándose así una final contra los norteamericanos liderados por el universitario Michael Jordan y Pat Ewing. 

La derrota era de esperar. Y aunque EEUU les barriera en la final, esos 12 hombres habían cambiado para siempre la historia del baloncesto español.

Fernando Romay, Iturriaga, Epi, Fernando Martín... fueron algunos de los baloncestistas españoles de aquellos Juegos Olímpicos. El éxito de estos jugadores impulsó el baloncesto español, generando que más niños se interesasen en este deporte, y las canteras de los equipos españoles se engrosaran de jugadores de grandísimo nivel.  

Desde que Fernando Martín debutase en los Portland Trail Blazers en el año 1986, hasta 17 jugadores españoles han debutado en la NBA. Aunque las cifras parezcan un tanto pobres, la realidad es que para nada son negativas si las comparas con las de otros países. Además, hay que entender que la NBA ha sido una liga plagada de americanos, sobre todo en los primeros años de la liga. Tanto por su indudable mayor calidad, cómo por el recambio generacional implantado a través del draft de universitarios. 

Algunos de los jugadores han tenido carreras más exitosas, otros menos. Pero la realidad es que el baloncesto español seguía creciendo.

La época dorada llegaría en el siglo XXI, con una generación dorada que ganaría el mundial de 2006 de Japón, tras vencer a Grecia en la final. Dos campeonatos de Europa (2009 y 2015) y dos platas olímipicas después (Pekín 2008 y Londres 2012), España volvió a ganar el preciado mundial este año 2019, pasando por encima de Argentina en la final. Una generación de ensueño que será difícil repetir, plagado de jugadores que debutaron o que jugaban en la NBA. Difícil de repetir pero ha instaurado unas bases en el baloncesto español que ayudan a mirar el futuro positivamente. 

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La selección española levantando los mundiales de 2006 y 2019

¿EL sueño americano?

El sueño americano que con tanta prepotencia proclaman los norteamericanos sobre las personas que emigran a su territorio no existe para todos. Y no vengo a centrarme en todas las personas que emigran, sino en nuestros jugadores. 

Juan Carlos Navarro y Raul Lopez no tuvieron una experiencia en la principal liga de baloncesto a nivel mundial acorde con sus condiciones técnicas. Estaban llamados a ser jugadores titulares en la NBA, pero la mala fortuna de ambos les impidió cumplir sus objetivos.

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El caso de Raul López esta lleno de infortunios. El base llevaba dominando en la ACB desde muy joven,llegando a jugar en el monopólico Real Madrid de Básket. Pero tras su llegada a la NBA, drafteado por encima de Tony Parker por los Utah Jazz, dos lesiones, una en cada rodilla, y uno de los mayores traspasos de la historia de la NBA, que le mostró que no era más que una moneda de cambio le convenció de volver a Europa.

Por su parte, Juan Carlos Navarro lo tuvo aún más duro. El ex escolta del Barcelona ha sido uno de los jugadores españoles de baloncesto más renombrado de la historia. Pero su carrera en la NBA no fue todo lo que debió ser. Y por desgracia, no solo por las lesiones, que fueron un mal compañero que le lastró durante toda su carrera. Un contrato en el Barça en el que tenía que devolver dinero si se marchaba, y el complicado límite salarial de los Memphis Grizzlies, equipo que le eligió en el draft, impidieron al segundo mejor escolta de su camada de rookies cumplir el sueño americano. 

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